Recent Activity

Thursday, 10 December 2009 15:27

Huracán y Sangre Featured

Written by  Elena Manzö
Rate this item
(18 votes)

20091209041815_la_tormentaaaaa

Estaba de vacaciones de verano en Cancún con mi amiga Fab y sus primos Maw y Poyo. Era un viaje más o menos tranquilo, pues yo en esas épocas no estaba del mejor humor como para salir de fiesta; un viaje personal en el que habría tiempo para pensar, reflexionar, escribir y preparar proyectos. Visitábamos a Cinthya, la hermana de Fab, quien trabajaba en Isla Mujeres, a sólo unos 30 minutos en ferry del puerto de Cancún.

 

Como sea, una mañana estábamos Fab y yo tiradas en la arena cuando nos llamó Cin diciendo que se iba a trabajar a Isla. Aprovechó para invitarnos y quedamos en alcanzarla después.

Tomamos el ferry a medio día Fab, Maw (Poyo traía la peor resaca de su vida ya que la noche anterior habíamos reventado hasta morir en un antro en Cancún y prefirió quedarse a descansar.) Cristina, la mamá de Faba nos alcanzó un par de horas más tarde.

El día transcurría de manera tranquila. Sol, agua, playa y relativamente poca gente. Eran las vacaciones ideales para mi estado de ánimo.

Yo pensé que todo aquel viaje continuaría del mismo modo. Qué equivocada estaba.

Mientras escribía y sentía los efectos de la tercera cerveza, Fab se acercó a mí, diciéndome que había alguien que Cin nos quería presentar. Medio aflojerada me levanté y la seguí hasta la barra del club de playa del hotel.

Allí estaba un chico quien nos saludó en un español bastante fluido. “No está mal para un gringo”, pensé. No pude evitar darme cuenta de que aquél acento era una mezcla del estadounidense con alguno que me parecía bastante conocido cuando dijo: “Y vos, ¿ cómo te llamás?”. Inmediatamente le pregunté: “¿De dónde carajos eres y por qué hablas como argentino?” El rió y me dijo que era porque había vivido en Argentina una buena temporada, así que se le había quedado el acento.

Total que no sé exactamente cómo terminamos platicando en el mar acerca de Argentina, Latinoamérica y sus problemas sociales, México y Estados Unidos. Me pareció que no era un gringo cualquiera. Éste chico no sólo era lindo, sino que además era inteligente y sensible. Tenía mucho que no charlaba con alguien de ese modo.


La tarde se pasó rapidísimo. El amigo de mi nuevo amigo llegó y de inmediato hizo química con mi amiga Fab. Los cuatro lo estábamos pasando de lujo. Maw también charlaba y bromeaba con todos. Quedamos en vernos al día siguiente y así lo hicimos.

Volvimos a tomar el ferry hacia Isla Mujeres pero ésta vez había cierto grado de emoción y cosquilleo en el estómago que no eran causados precisamente por el trayecto marítimo. Debo decir que la emoción se fue un poco al diablo cuando el sol se escondió entre nubes que en dos minutos comenzaron a llenarse de agua. “Buenísimo día, llueve y no vamos a poder estar en la playa como habíamos planeado”, pensé. De nuevo íbamos sólo Maw, Fab y yo porque Poyo seguía con fiebre debido a la resaca que se negaba a irse y dejarlo un poco en paz.

Llegamos a Isla y resultó que el argentino-gringo pro comunista con el que había estado platicando la tarde anterior como si lo conociera de años atrás, tenía una habitación hasta arriba del hotel y junto con su amigo (un tipo increíblemente simpático y divertido) nos invitó a todos a subir y tomar un trago. Un trago... ¡Había un arsenal de alcohol como para un ejército! Debido a mi manera de beber y a mi ya aceptado alcoholismo vacacional, no le dije que no a la primera Corona, ni a la segunda, ni a la tercera, ni a tooodas las que le siguieron.

Todos estábamos comiendo, charlando y pasándolo bien. De verdad que hacía siglos que no me divertía de esa manera. De pronto, comenzó a llover mucho más fuerte. Había truenos en el cielo y era evidente que se avecinaba una tormenta. Una maldita tormenta!!!!! En Isla Mujeres eso es casi sinónimo de huracán.

Mientras la lluvia nos mojaba a todos, yo me paré a intentar prender un cigarro. Estaba lo suficientemente ebria como para intentar prender un cigaro y para no darme cuenta de que una cerveza se había roto y habían vidrios por el suelo cerca del jacuzzi. Pisé uno y el pie izquierdo comenzó a sangrarme como si le estuvieran haciendo una operación a corazón abierto. Debido al poco cálculo y a la nula precisión en mis movimientos, me fue imposible sacarme el trozo de vidrio y el chico con acento porteño (quien a esas alturas ya estaba también bastante borracho) acabó sacándomelo con los dientes!!! Después del incidente del vidrio en el pie y de que los chicos se deslizaban por el suelo como surfers, dado que la lluvia comenzó a arreciar, volvimos a meternos al jacuzzi. De un momento a otro vimos cómo el personal de los hoteles comenzaba a guardar todas las sillas y mesas de la playa. Le preguntamos a Cinthya por qué hacían eso y nos dijo que era porque, en efecto, venía un huracán. De la nada, el ambiente afuera se empezó a llenar de pánico y se corrió la voz de que habían cerrado el ferry y ya no saldría hacia Cancún.

Entre la borrachera atiné a preguntarle a Faba cómo carajos regresaríamos. Había anochecido, estábamos pedísimas y habíamos dejado las tarjetas de crédito en la casa de Cin, así que no podíamos alquilar una habitación en Isla. Ella, de manera tranquila y desenfadada me dijo: “No te preocupes, nos vamos a quedar aquí, ya hablé con el héroe que te salvó el pie de una gangrena y se ha ofrecido a alojarnos”. No pude hacer otra cosa que besarlo y besarlo y besarlo mientras el pie seguía sangrándome. Obviamente a mí no me importaba que se me cayera, de verdad que lo estaba pasando bomba. Metida en un jacuzzi con mi mejor amiga, Maw, otros amigos y un par de gringos que no dejaban de hacernos reír, había perdido la noción del paso de las horas. (había perdido también bastantes inhibiciones para ese entonces). Mi viaje quasi zen se había convertido en un exilio obligatorio en un pent-house mientras un huracán azotaba la playa. El mar se veía fantástico desde arriba. Recuerdo que se me antojó bajar a ver más de cerca pero Fab me dijo que era demasiado estúpido hacerlo, a lo cual, asentí y abrí esta vez, una Victoria.

No recuerdo muy bien qué pasó después. No creo que sea necesario dar detalles, pero si sé que a la mañana siguiente me desperté en la cama del gringo-argentino y todo fue viniendo poco a poco a mi memoria… Faba estaba al lado junto con su nuevo amigo y la habitación estaba hecha un desastre. Todos desnudos y todos aún borrachos.

Desperté a Fab y le dije que era más de medio día y que sería mejor que nos marcháramos de una buena vez. Estaba apenada y la cabeza me daba vueltas.

Fue una noche fantástica.

Un par de horas después de que llegamos a Cancún, los chicos nos hablaron por teléfono para vernos de nuevo en la noche. Inmediatamente dijimos que sí.

Todo el día lo pasé sentada o acostada en la playa porque no podía caminar. Al ver la cortada en mi pie que comenzaba a cicatrizar, me di cuenta de que cada vez que viera esa cicatriz una sonrisa de buen ánimo se me dibujaría en el rostro.

Por cierto, mi pie izquierdo no fue lo único que ese chico mordió aquella noche.

Last modified on Monday, 11 January 2010 04:44

7 comments

Leave a comment

Make sure you enter the (*) required information where indicated.
Basic HTML code is allowed.