
Estaba de vacaciones de verano en Cancún con mi amiga Fab y sus primos Maw y Poyo. Era un viaje más o menos tranquilo, pues yo en esas épocas no estaba del mejor humor como para salir de fiesta; un viaje personal en el que habría tiempo para pensar, reflexionar, escribir y preparar proyectos. Visitábamos a Cinthya, la hermana de Fab, quien trabajaba en Isla Mujeres, a sólo unos 30 minutos en ferry del puerto de Cancún.